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El Dios Maya De La Muerte

29/07/2020

Equilibristas de improviso, aprendimos a caminar en el filo del cuchillo de la muerte. Voluntarios prisioneros del hogar, víctimas de estragos físicos, económicos y psicológicos, hasta la desesperación.

dios de la muerte

Pero aquellos, apuestan en la ruleta necrófila y perversa, lo más preciado que es la vida y salud del mexicano. Sartre expone que la silla ha sido construída por el hombre con un fin, que es el de sentarse sobre ella, al tiempo que el hombre, al no ser su propio constructor desconoce su fin y, si no hay Dios que coloque tal fin, entonces dicho fin no existe, así el resultado de la desaparición de Dios no es sino más bien la ausencia de sentido en la vida humana. Asegura que los dos dioses estaban muy relacionados y que hay vestigios arqueológicos en toda la región sobre la fuerza que tenía la adoración al dios de la desaparición. Dios jaguar, se representaba con el cuerpo cubierto de manchas, con cabeza de jaguar, dientes incisivos sobresalientes y un mechón de pelo de lado, era la encarnación del jaguar, un animal que simbolizaba fuerza y poder en la civilización maya.

Como sabemos, con argucias, inteligencia y arrojo, los Gemelos Divinos vencen esta vez a los señores de Xibalbá en el juego de pelota, evaden sus sucesivas trampas, los sacrifican y vuelven victoriosos a la tierra convertidos en astros luminosos. Su victoria, como lo dice el Popol Vuh en su lenguaje mitológico, significó el triunfo de la vida sobre la muerte, el rescate de los huesos de sus padres, el robo de los granos preciosos de maíz de la montaña oculta de los mantenimientos y el renacimiento prodigioso de la naturaleza en la extensión de la tierra. “En la cultura maya el hombre se interpreta con un naturaleza dual, esto es, la unión del cuerpo y la identidad anímica, que se separan en el momento de la desaparición para habitar en los sitios del cosmos, entre ellos el inframundo, llamado Xibalbá, que se traduce como ‘el lugar donde se desvanecen’”, afirma Sandoval. “Cuando el tecolote canta, el indio muere” es un viejo refrán, desarrollado en alusión a Ah Puch, asimismo popular como Yum Kimil, dios de la desaparición y de Xibalbá, el inframundo de los mayas. Esta deidad fue y es aún muy influyente en los pueblos mayas que todavía preservan sus prácticas y en países como El Salvador y México. La noticia de la desaparición de Diego Armando Maradona por un supuesto paro cardiorrespiratorio conmocionó a todo el mundo. Enseguida, los primordiales periódicos compartieron la triste novedad en sus portales.

Años En El Planeta Librero

Nuestra generación en el mes de septiembre no tenía soluciones a la vista, navegábamos en aguas procelosas de tenebroso túnel, sin ver la luz adelante. Las vacunas que en desmandada carrera las farmacéuticas hallaron y generan, son por ahora la única ilusión. En el pasado, patologías como polio, tosferina, viruela y considerablemente más han desaparecido por medio de vacunas. El cáncer no, pues es patología que deja descomunales ganancias para médicos y laboratorios, de costosos protocolos. En tan corto tiempo de desarrollo a estas vacunas, irrealizable exigirles perfección, se requeriría para ello, años, tiempo del que la raza humana por ahora no dispone. Es gratis, ahora los ambiciosos del poder y del dinero público se revuelcan y envenenan en sus propios ácidos. Para todo es imperfecto, hasta las estrategias, como si experiencia tuviésemos porque pandemias hubiese de año en año.

dios de la muerte

Ese sueño de subsistir, le da viabilidad a la existencia humana. Trajeron como fruto en el país más de 145 mil embarazos no amigables. Por tradición oral recuerdan la gripe de españa del 18, atacada con remedios naturales, sin vacunas, sin apoyos del Gobierno ni medicinas de patente, dejó un rastro de millones de duelos y tristezas. Esa generación, de tanto fraternizar con la desaparición, la veían como hermana y procrearon descendientes por docenas “por los que se murieran”. De esta manera ocurrió con mis abuelos y solo eso les aseguró su continuidad en el tiempo. Entonces, no tuvieron ni una alcayata ardiente de la cual sujetarse.

Mediante sus fosas nasales emanaba un insoportable fragancia, por esa razón los pobladores de las aldeas lo llamaban “el dios de la flatulencia”. Los antepasados realizaban ritos, sacrificios y canticos con la finalidad de que Yum Kimil les concediera piedad. ), representaba una parte fundamental de su gadget transformativo. Por medio de esta refinada tecnología,30 los dioses nacían y, de manera simétrica a como lo hacían los hombres después de muertos, podían actuar en el tlalticpac a favor de quienes los habían engendrado. De este modo, durante el ritual, los planos existenciales de la vida y de la muerte, y los niveles ontológicos humano y divino, se invertían y mezclaban para posibilitar la comunicación y el trueque. En última estancia, la fabricación de cuerpos para los dioses y el sacrificio hacían posible la perpetuación de la vida humana y “proporcionaba la materia inmortal de la que viven los dioses” (Hubert y Mauss, 1970, p. 240). Como lo anticipó Michael Coe en sus estudios iniciales sobre el inframundo maya,13 el análisis de los objetos funerarios abrió un sendero nuevo en la comprensión del cosmos y la mitología de los pueblos mesoamericanos.

Por otro lado, la resurrección del dios del maíz, al vincularse en los mitos de creación con el origen del cosmos, estableció los paradigmas teológicos y las imágenes principales bajo las que los pueblos de Mesoamérica concibieron la fundación de todas las cosas humanas y sobrenaturales. “Para los viejos mayas -lo mismo que para el resto pueblos de Mesoamérica-, la creación primordial se encontraba en el corazón de todo lo que representaban en su arte y arquitectura.

Mictlantecuhtli Silvato De La Desaparición, Artesania Mexicana

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Los mayas tenían la creencia que este señor de la desaparición merodeaba en las viviendas de los enfermos para llevarlos a Xibalbá con el apoyo de una cuerda que les arrebataba sus vidas. Si se gritaba con todas las fuerzas, Yum Kimil se espantaba o pasaba de largo de las viviendas. Este amo ocupaba el cuarto lugar de jerarquía entre los dioses mayas más poderosos del inframundo maya. Normalmente, sus vestuarios se caracterizan por estar decorados con objetos de metal, cobre, oro, aparte de portar pieles o partes de cuerpos de animales.

  • Este amo ocupaba el cuarto lugar de jerarquía entre los dioses mayas más poderosos del inframundo maya.
  • Si se gritaba con todas y cada una de las fuerzas, Yum Kimil se espantaba o pasaba de largo de las viviendas.
  • Los mayas tenían la creencia que este señor de la desaparición deambulaba en las casas de los enfermos para llevarlos a Xibalbá con el apoyo de una cuerda que les arrebataba sus vidas.

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Su propósito era buscar los ‘huesos sagrados’ de los antepasados, a partir de los cuales se crearía a los hombres y mujeres del Quinto Sol, que iluminaría el planeta de hoy. Para rescatar aquellas osamentas debieron enfrentarse a Mictlantecuhtli y a Mictecacíhuatl, dioses de la desaparición y del inframundo. Sin embargo, existe la versión de que tal hazaña fue exclusiva de Xólotl e incluso a él le fue asignada la labor de criar a los primeros niño y niña, conformados a través de sacrificios de sangre divina.

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Los descubrimientos hasta ahora realizados detallan que los testimonios funerarios del área maya son equivalentes al popular Libro de los fallecidos egipcio, una especide de registro de las opiniones, mitos, dioses, pobladores, lugares y sendas del inframundo. De ese planeta fantástico y alarmante, los nuevos análisis solamente han develado partes aisladas, y indudablemente las más significativas mencionan al tema de la muerte y resurrección del dios del maíz, y al viaje de los gemelos al inframundo en búsqueda del Primer Padre.

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La historia cuenta que este dios era el encargado de la muerte de los enfermos, que en la mayor parte de los casos no fallecían por la patología, sino por el hecho de que el terrorífico dios maya los arrastraba a Xibalbá, donde los asesinaba. A este planeta, llegaban todas y cada una esas personas que fallecían por muerte común o por causa de un incidente, lo que indicaba que no habían sido elegidos de una forma especial por los dioses. El Mictlán, era un espacio oscuro, espeso, bajo, en donde las ánimas deben realizar pruebas para lograr resurgir, y para eso se debía cruzar un sendero conformado por nueve casas o dimensiones, que corresponden a los estratos del inframundo. El decurso de esta investigación ha conducido a la observación de un estado de cosas aún muy distante de la intención nietzscheana de una superación de las visiones metafísicas de la vida. Según Lacan, la declaración de la muerte de Dios encubre un engaño consistente en el reforzamiento de una ley moral que se cree en vías de ser derogada. Modestamente, sin lugar a dudas, pues no lo realiza a fondo” (Lacan, 1997, p.132). Si es posible detallar durante la historia de Occidente diferentes muertes de Dios, también es viable en igual medida reconstruir las múltiples salvaciones de lo divino.

En el momento en que contemplamos sus templos, juegos de pelota, estatuas, pinturas y cerámica a la luz de nuestros nuevos entendimientos, quedamos sorprendidos al ver cómo esos elementos reflejan una sola visión de la verdad”. En esta primera fase de la creación, en el momento en que se definen las regiones del cosmos y se apuntan sus atributos, la relación del inframundo con la superficie terrestre y el cielo es la relación que el mito y la teología más se afanan en regular. Los mitos de creación y los discursos teológicos repiten, insistentemente, mediante distintos lenguajes, que el inframundo, antes que zona de la desaparición es el campo sobrehumano donde ocurre el proceso misterioso de la transformación de la materia, la región sagrada productora de las fuerzas que afirman la continuidad de la vida.

Freud y Nietzsche, cada uno de ellos a su modo, salvarían al Dios judeocristiano. Por su parte, Lacan acepta en relación con la muerte de Dios una situación muy diferente de la de esos pensadores, ya que concede al Dios agonizante la capacidad de continuar incidiendo como valoración en la vida psíquica de los sujetos en la contemporaneidad. Sin embargo, de su propuesta psicoanalítica puede colegirse que el nihilismo produce sobre el sujeto un efecto de pierdo con en comparación con objeto del deseo y un creciente poderío del goce como imperativo del superyó. En la ontología náhuatl no existía, y sigue sin existir, una barrera infranqueable entre hombres y dioses; los unos tienen la posibilidad de mudarse en los otros a través de lo que hemos definido como procesos y operaciones transformativas.

Por eso en todos los mitos cosmogónicos el sitio donde ocurre la nueva creación es el inframundo, la matriz oscura donde habitan las fuerzas progenitoras de la naturaleza, los astros y los seres vivos. El término “tecnología” es usado aquí de forma deliberadamente provocadora, ya que en el mundo occidental está guardado a las creaciones de la ciencia, consideradas las únicas realmente efectivas. Los antropólogos positivistas y los historiadores de la religión afirmarían que los viejos nahuas “creían” que los dioses nacían en el cuerpo de los hombres y que “creían” que los hombres morían transformándose en dioses, pero no estarían dispuestos a charlar de una “tecnología de la transformación ontológica”. Los diversos nombres del dios maya de la muerte y la iconografía que lo representa aluden a un registro exacto de determinados fenómenos cadavéricos, algunos de los cuales son analizados, en el presente artículo, bajo la óptica de las ciencias biológicas forenses. Alén de la pura representación simbólica de la muerte en la cosmogonía y religión mayas, la notable descripción de los fenómenos cadavéricos y los procesos de descomposición cadavérica en una imagen es única dentro de esta cultura, en comparación con las deidades socias a la muerte en otros pueblos mesoamericanos. La dualidad vida-muerte también se encuentra representada en esta singular deidad maya, confluyendo, en una misma imagen la desintegración del cuerpo físico —en su probable tránsito por el Inframundo— y la reducción esquelética. Bajo esta apreciación biológica forense y criminalística, es intención de este artículo redimensionar, bajo un criterio diferente, el culto a los fallecidos entre los mayas.

dios de la muerte

Fui creado por los dioses Huitzilopochtli y Quetzalcóatl en el Omeyocan, un lugar semejante al cielo. pensaron que para apreciar la vida, había que hacer al dios de la muerte. Un año recluídos por la amenaza de la parca que, malignamente, ha acarreado muertes vecinales y fraternas. Encierro de angustias por que los nuestros no enfermaran y murieran.

En el curso de las fiestas y en los rituales sacrificiales, hombres y dioses intercambiaban sus estados ontológicos y eran creados siempre a fin de que transitaran entre la vida y la desaparición, entre lo divino y lo humano. no corresponde a una categoría ontológicamente inmutable, sino a un estado que es viable lograr a través de la muerte.

Asimismo era quien representaba el paso del sol por el inframundo, los mayas afirmaban que el dios del sol se convertía en jaguar y viajaba por la oscuridad en el planeta de los muertos. Dios de la guerra, era representado con una línea gruesa o punteada negra en torno a los ojos, con caída sobre la mejilla, se le veía con Ah Pucho o Yum Kimil, el dios de la muerte, en el momento en que se practicaba la quema de las viviendas con una antorcha para asar a sus contrincantes y después apuñalarlos con su lanza asegurando la muerte de sus contrincantes. Más allá de que es cierto que cada uno de los pueblos prehispánicos tenía sus dioses y sus ritos, asimismo lo es que todos tenían una concepción del inframundo, asociado al sol, a la vida y a la muerte. El dios de la desaparición era la antítesis de Itzamná, deidad de la creación y espíritu universal de la vida. El primero representa la cabeza de un cadáver con los ojos cerrados por la desaparición, el segundo la cabeza del dios mismo, con la nariz truncada, mandíbulas descarnadas y como prefijo un cuchillo de pedernal para los sacrificios.

Estas acciones gubernativos para ellos no significan oportunidad de trastupije millonario alguno, pero su dinero está seguro en dólares americanos y en Andorra. Y como miran desde la barrera, sin echar su “gato a retozar”, en este momento aconsejan malévolamente no vacunarse, porque es vacuna “chafa”, “te causará la muerte”, “te dañará”. Socaban con ello la credibilidad del régimen, a ver si lo destrozan. Para que la estrategia sea triunfadora, se requiere un prominente porcentaje de vacunados, de otra forma la mortandad continuara y aún quienes lo estén pueden seguir siendo portadores.

Agobiados, en el mes de diciembre decidimos “fugarnos” y “que sea lo que Dios quiera” o “de algo me he de fallecer”. Celebraciones, asambleas, playas, “porque no se mañana si viviré”. Los españoles invasores nos trajeron la viruela que mató por centenares de miles y les asistió a subyugarnos.

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